
El lenguaje invisible
Sinestesia, textura y la ciencia de describir lo que no se ve
6/20/2026
Por María Laura Ortiz Chiavetta — Narradora de Aromas, Winelux Scent & Story
Existe una pregunta que me hacen con frecuencia y que nunca tiene una respuesta simple: ¿cómo se describe un perfume?
Describir un perfume no es describir un objeto — es describir una experiencia que ocurre en el interior de quien huele, que cambia con el tiempo, que cambia con la temperatura, que cambia con la piel de quien lo lleva, y que además activa memorias, emociones y asociaciones que son profundamente personales.
El problema del vocabulario
El olfato es el único de los cinco sentidos que no tiene un vocabulario propio en casi ninguna lengua. El oído tiene notas, timbres, armonías. La vista tiene colores, formas, perspectiva. El gusto tiene dulce, ácido, amargo, umami. El olfato, en cambio, describe sus percepciones tomando prestado de todos los otros sentidos.
Decimos que un perfume es 'cálido' — temperatura del tacto. Que es 'brillante' — luz de la vista. Que tiene 'notas altas y bajas' — vocabulario musical. No tenemos palabras propias. Tenemos metáforas robadas.
La sinestesia como herramienta
Desde hace años trabajo con un marco que llamo epidermería — el análisis sinestésico de las fragancias. La idea es describir los perfumes no solo a través de sus notas olfativas sino a través de lo que activan en otros sentidos: color, vibración, textura, temperatura, incluso sonido.
Cuando en el Niche Show un perfumista me habló de la molécula Tridecanal — presente en su fragancia Mondor — y me explicó que su función es hacer que la composición se sienta ligeramente cérea, ligeramente aterciopelada en la nariz, entendí que él también estaba usando lenguaje sinestésico. Y cuando yo le respondí que esa sensación me evocaba un tono de dorado viejo — el oro mate de los marcos de los cuadros flamencos — él asintió. No porque fuera la descripción 'correcta', sino porque comunicaba algo verdadero.
La misma molécula, idiomas distintos
Existe una molécula que en América del Norte la mayoría de las personas asocia al olor de la fresa. La misma molécula, en Corea del Sur, la mayoría la asocia a la piña. Mismo compuesto químico. Percepciones radicalmente distintas.
Eso no se explica por diferencias en el aparato olfativo. Se explica por diferencias en el archivo de memorias asociadas. Lo que olemos está condicionado por lo que hemos olido antes. Esto tiene implicaciones enormes para quien escribe sobre fragancias para audiencias de distintas culturas.
La textura como dimensión oculta
Hay perfumes que se sienten ligeros, casi aéreos. Hay otros que se sienten densos, que ocupan espacio en la cavidad nasal de una manera casi sólida. Hay fragancias que producen una sensación de frescura sin contener mentol. Y hay fragancias que producen algo parecido a la humedad.
En el show me compartieron algo que no voy a olvidar: en el mundo entero existen solo dos pigmentos olfativos que tienen la capacidad de evocar la sensación física de humedad. Uno es el petrichor — producido por la geosmin, una molécula liberada por las bacterias del suelo cuando llueve. El otro es la cúrcuma — que tiene en su composición compuestos que activan esa misma respuesta. Dos fuentes completamente distintas. La misma sensación. Eso es sinestesia pura.
Las perlas que no se ven
Kajal presentó Lamar Cabillon — un sistema de perlas encapsuladas con fragancia, sin etanol, que se aplican directamente sobre la piel. Cuando la presión las rompe, liberan el aroma. Primeras en el mercado en usar esta tecnología.
Lo que me interesa no es solo la novedad técnica sino lo que implica experiencialmente. La fragancia ya no se pulveriza: se activa con el tacto. El cuerpo hace algo para que el aroma exista. Es sinestesia invertida: primero la sensación táctil de romper algo, luego el olfato.
Describir lo que no tiene nombre
Mi respuesta, después de años de trabajar en esto, es la siguiente: con honestidad sobre los propios límites. Con disposición a tomar prestado de todos los otros sentidos sin pedir disculpas. Con conciencia de que la descripción dice tanto sobre quien describe como sobre lo que se describe.
El olfato nos recuerda que la experiencia siempre precede a la palabra. Y que la palabra, cuando está bien elegida, puede llevar a alguien hasta donde la experiencia estuvo.
María Laura Ortiz Chiavetta es fundadora de Winelux Scent & Story y autora de Diario de Nariz.

